La construcción modular sigue en boca de los principales Diarios Nacionales y si hace unas semanas veíamos un artículo en El Mundo, ahora es el país el que destaca las bondades del nuevo sistema de construcción.

construcción modular

En esta ocasión, en el artículo, hay una parte muy interesante que destaca la parte interior de los edificios. El título, como siempre, es muy significativo: “Paredes de quitar y poner” y, sobre todo, un destacado en el que habla de un concepto clave. “Del mortero a los paneles”.

El sistema flexible de vivienda requiere una construcción distinta de la convencional. El mortero para mezclar cemento y agua en la tradicional obra húmeda desaparece para dar paso a la obra seca con paneles de yeso laminados y módulos prefabricados que se instalan con rapidez y limpieza. El tiempo de ejecución de la obra se acorta del 20% al 50%. En la infraestructura metálica del edificio se atornillan los paneles por parejas y de forma paralela; en medio quedan los aislantes y las canalizaciones para las redes de energía y de telecomunicaciones. Suelos y techos también se utilizan para llevar, además, las tuberías de agua. A todas las redes y tuberías se puede acceder de forma flexible y fácil.

La solución más abierta es un diseño de módulos y cada uno tiene un patinillo de instalaciones, es decir, un hueco vertical con los accesos de energía y de telecomunicaciones, así como las tuberías del agua y los desagües. Cada módulo tiene posibilidad de acceso a las zonas comunes. Las fachadas también son modulares y cambiantes para adaptar balcones o ventanas al uso de la vivienda. Las zonas comunes del edificio son las únicas partes inmutables. Soluciones menos flexibles proponen los cuartos de baño y la cocina como elementos fijos en cada vivienda para, en torno a ellos, articular el resto de las habitantes que pueden incorporarse a una vivienda o a la colindante.

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El concepto que define el artículo habla sobre Open Building. Casas que se construyen y se adaptan a los cambios y las necesidades diarias. Casas funcionales que permiten una mejor habitabilidad según lo que cada uno necesita. Una construcción ad hoc para cada usuario. ¿Ha imaginado un edificio con paredes que se mueven en función de las necesidades de sus habitantes? Un joven podría comprar un apartamento, ampliarlo al casarse y tener hijos, y volver a reducirlo al quedar solo en el final de sus días. La evolución del espacio va acompañada de contraprestaciones económicas. A los pensionistas, por ejemplo, les puede resultar ventajoso vender al vecino de al lado habitaciones de una casa demasiado grande, y cara de mantener. O segregarla en dos para alquilar o vender. En países como Japón y Holanda ya se hace y empresas pioneras españolas están en ello. La utilización del espacio de las viviendas de forma flexible se llama open building.

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